Cerveza artesana, un producto de calidad por descubrir

El auge de la cerveza artesana en España es un hecho innegable. Nos encontramos ante un mercado que prolifera y se incrementa año a año, dando lugar a multitud de nuevos productores y un abanico inmenso de nuevas cervezas de calidad al alcance de todos. Como todo gran cambio que se precie, necesita de un período de adaptación y uno de los grandes problemas con el que nos estamos encontrando productores, distribuidores y tiendas especializadas es el gran desconocimiento que aún impera en el consumidor medio de cerveza sobre el producto. Mientras que en otros países europeos o norteamericanos llevan ya tiempo acostumbrados a los sabores, aromas y sensaciones que transmite la cerveza artesana y su consumo alcanza cuotas de hasta el 16% del consumo de cerveza total (caso de EEUU), aquí en España el consumo de cerveza artesanal es algo novedoso y residual, apenas alcanza el 1% del consumo total de cerveza.
Como muchos sabréis, la cerveza está compuesta por cuatro ingredientes básicos: agua, malta, lúpulo y levadura. Es el resultado del proceso de fermentación alcohólica del azúcar presente en los cereales (malta) por parte de las levaduras. El agua, por su parte, sirve de base para ese proceso y el lúpulo, entre otras funciones, aromatiza la mezcla resultante y balancea el dulzor de las maltas dotando a la cerveza de su característico sabor amargo. La calidad de los ingredientes que se utilicen en el proceso y la forma en que tiene lugar este proceso de fermentación, afectarán de manera directa a la calidad del producto final.

La cerveza artesana pretende ser y es, ante todo, una cerveza de calidad. Su apellido, artesana o artesanal, recalca la condición de que en su proceso de producción interviene activamente la parte humana. Esto no significa que los productores artesanales no se ayuden de ninguna maquinaria o tecnología durante el proceso, si no que éste se realiza de la manera más natural posible y está mucho menos automatizado que en la cerveza industrial que consumimos habitualmente.
Los productores de cerveza artesana son, por lo general, grandes apasionados del producto que fabrican y la calidad en sus elaboraciones finales es innegociable para ellos. Su involucración durante todo el proceso es plena y nunca escatiman con la materia prima, utilizan ingredientes 100% naturales y de primeras calidades en sus recetas. En contraposición, las grandes empresas cerveceras industriales automatizan los procesos de elaboración, rebajan las calidades de su materia prima –es común que muchas de ellas sustituyan con mijo o arroz parte de la cebada utilizada- y utilizan aditivos y productos químicos para estabilizar la mezcla final o dotarla del gas característico de la cerveza. Con esto consiguen rebajar significativamente el precio de la cerveza y aumentar su volumen de producción para incrementar con ello sus beneficios finales a costa de una menor calidad de su producto. Precisamente por esto, el sabor, el aroma y el cuerpo de una cerveza artesana bien elaborada no tiene actualmente competencia en el sector industrial.

Un abanico inmenso de posibilidades
Muchos de los consumidores de cerveza clásicos que se acercan por primera vez al mundo de la cerveza artesana quedan muy sorprendidos al descubrir la cantidad de cervezas distintas que existen. Cervezas rubias, rojas, tostadas, blancas o negras. De tipo Ale (alta fermentación) o Lager (baja fermentación). Estilo IPA, Porter, Stout… Las variedades existentes de cerveza artesanal son casi infinitas y sus sabores, aromas o cuerpos varían en la misma proporción. Por si esto fuera poco, cada productor tiene su propia receta por lo que su cerveza, a pesar de compartir estilo e ingredientes con la de otro, puede tener otros matices distintos. No existen dos cervezas artesanas iguales.

En primer plano, una cerveza artesana rubia de estilo Blonde Ale. Detrás una cerveza negra de estilo Porter (Fotografía de Daniel Fernández, miembro del equipo de www.cervezalia.es)

Acostumbrados a beber sólo el tipo de cerveza –rubia Lager Pilsner de baja calidad, por cierto- que nos ofrecen generalmente las principales grandes cerveceras que copan el mercado, darnos de bruces con tanta variedad de golpe puede derivar en un grave problema de rechazo. Vivimos en una sociedad de inmediatez y comodidad a la hora de consumir; cuando queremos una cerveza, la queremos ya y no queremos tener que decidir nada, sólo consumirla. Por eso, ese gran abanico de posibilidades que en un principio podría parecer una bendición, puede convertirse en una absoluta maldición para nuestro producto.
Ante esta situación lo mejor es no desesperar ni cerrarse en banda. Los productores, distribuidores y vendedores somos conscientes de la importancia que tiene la promoción de nuestro producto y trabajamos activamente para darlo a conocer a todo aquel que se interese. Conocemos bien el producto y su gran calidad en líneas generales por lo que estamos convencidos de que la cerveza artesana terminará por hacerse un hueco y será aceptada y reconocida por la gran mayoría de los consumidores. Así que ya sabéis, la próxima vez que tengáis la ocasión, dad una oportunidad a la cerveza artesana y apostad por ella. Seguro que no os arrepentiréis

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