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diciembre 2018

Se acercan las fechas de Navidad y si hay algo italiano conocido a nivel internacional en estas fechas es el Pandoro. Este magnífico producto procede originariamente de Verona, preciosa ciudad al norte de Italia. Es cierto que actualmente se puede tomar Pandoro en muchos lugares del mundo. Pero si os apetece conocer su ciudad de origen, que lo es también de Romeo y Julieta, es una buena excusa para pasar unos días en la ciudad.

Cuando comáis el Pandoro pensad en Verona

Cuentan que el Pandoro apareció en los escritos mucho antes que el Panettone, el otro dulce italiano típico de Navidad. Se trata de una elaboración de pan dulce, un tipo de pan mullido. Nos puede recordar al brioche por su gomosidad. El que comemos hoy en día ya lo consumía la gente noble de la Edad Media.

Eran panes enriquecidos con huevos, mantequilla, azúcar y miel, que eran servidos en banquetes oficiales y fiestas anuales en palacio. Se conocían como ‘panes reales’ o ‘panes de oro’ . Porque en su composición llevaban huevo y mantequilla. Precisamente este es el motivo por el que se acabó llamando Pandoro.

Pero no fue hasta el siglo XVIII cuando el Pandoro se puso verdaderamente de moda. En esa época Venecia era el mercado principal de las especias, lo que influyó en Verona para que éstas se mercadearan. Lo que sucedió también con el azúcar. Producto cada vez más común y que acabó sustituyendo a la miel en el pandoro.

Un pan de ocho puntas que nos recuerda a los Alpes italianos

El Pandoro ha ido evolucionando al igual que otras muchas recetas de pastelería. En 1894, Domenico Melegatti consiguió el certificado de la patente para elaborarlo. Un pan cónico con apariencia de estrella de ocho puntas, espolvoreado con azúcar glass y vainilla. Nos recuerda a los picos de los Alpes nevados.

En vuestra visita a Verona y en especial en esta época del año podréis verlo en las pastelerías del centro histórico. Disfrutad del verdadero Pandoro. Verona es una ciudad impresionante con un pasado glorioso y próspero. La ciudad es Patrimonio de la Humanidad y tiene uno de los centros históricos más interesantes de Italia. Con muchos edificios medievales y renacentistas.

Históricamente ha sido una ciudad de comercio donde confluían las cuatro principales vías del Imperio Romano. Podréis observar en una de las plazas más grandes de Italia, la plaza Bra, un imponente coliseo romano. La plaza está rodeada de edificios, entre los que destacan el Palacio de la Gran Guardia y el Palacio Barbieri.

Un paseo por Verona para descubrir su glorioso pasado

No os podéis perder el palacio Maffei, la magnífica Torre de los Lamberti y el Domus Mercatorum, que era la casa de los mercaderes. Sin olvidarnos del Palacio de la Razón y otros muchos que dan fe del poder que tuvo Verona. La visita se completa con la catedral de Santa Maria de Matricolare, Castelvecchio, el puente de piedra y su teatro romano.

Verona

Pero lo que no podemos hacer es irnos de Verona sin visitar la casa de Romeo y Julieta, una construcción del siglo XII. Allí podremos observar el famoso balcón y ventana gótica desde donde se veían ambos enamorados.

Verona también tiene grandes vinos y quesos

Volviendo a la gastronomía y sus productos no podemos finalizar sin recomendaros sus vinos. Verona es una excelente zona vinícola en la que destacan el vino Bardolino, el Blanco de Custoza, así como los Valpolicella.

Entre los que destacan el Amarone de Valpolicella y los Soave. También en la región del Veneto nos encontramos con el Prosecco de Conegliano, Valdobbiadene y con su apreciada grappa.

Un último consejo para vuestra visita es que probéis el queso Monte Veronese. Elaborado con leche de vaca de varios ordeños que se encuentra con leche entera o parcialmente desnatada. Este último con una maduración de 90 días. Un delicioso queso de sabor muy agradable y delicado.

Grandes Productos Argentina

Escribe: Laura Litvin (@laulitvin)

Parece mentira que este monstruo con cola poderosa, patas y antenas amenazantes, digno de un texto de H. P. Lovecraft, sea el rey de las mesas de celebración en todo el mundo. ¿Quién habrá sido el primer valiente que se atrevió a pescarlo y comerlo? Apenas grillado, salteado, rociado con limón y sal, el langostino siempre es un banquete de lujo. La cocina, sin embargo, le ofrece más espacios para que se luzca. Sea acompañando un plato de pasta, un risotto, o ensaladas, sea en cocktails, cebiches, sushi o canapés. O, igualmente, salteados con verduras y dentro de sopas asiáticas. La lista es infinita.

langostino

Muchos de los langostinos o gambones que se consumen provienen de criadero. Sin embargo, existen zonas del planeta donde todavía se desarrollan de manera natural. Este es el caso de las costas patagónicas de la Argentina.

El langostino: de fin del mundo a la mesa

El viajero que enfila su rumbo al sur. Desde la ciudad de Viedma, en la provincia de Río Negro, hacia Tierra del Fuego. Recorre vastos kilómetros de silencio y viento. Cada tanto, se encuentra con una ciudad costera con un puerto imponente. Puerto Madryn, Trelew, Rawson, Camarones, o Comodoro Rivadavia.

Allí llegan toneladas de langostinos pescados en congeladores. Son barcos grandes que procesan el animal a bordo. Luego lo venden como producto Premium. También  los llamados ‘pesqueros de altura’ lo procesan en tierra y pasan entre tres y cuatro días en el mar.

En el camino, encuentras pescadores artesanales. Salen al mar en barquitos pintados de amarillo y regresan cargados de tesoros. Son los langostinos frescos. No dudes, siéntate en el primer restaurante que encuentres, son un manjar excepcional.

¿Por qué estos frutos del mar argentino son reconocidos en todo el mundo por su excelencia? Porque crecen en una biodiversidad cuasi pura, libres y se alimentan de forma silvestre. De la naturaleza al plato.

Elige los mejores en la pescadería

Es importante tener en cuenta algunos datos para poder elegir los mejores. Para ser transportado, el langostino tiene que pasar por frío. También por un baño de sulfito que mata algunas bacterias y permite que no se ponga negro (melanosis). Lo mejor es comprarlos enteros. Aunque la industria los procesa y los vende pelados, sin pelar, con o sin cola, crudos o cocidos.

Hay que limpiarlos bien retirando el intestino (vena) que se encuentra sobre el abdomen. Deben verse brillantes, resistentes y es fundamental rechazar los que huelan a amoníaco. Eso indica que no están aptos para el consumo. La etiqueta es importante también. Si dice “langostinos argentinos”, recuerda que son garantía de calidad.