El chivito argentino, agreste y ancestral

Grandes Productos Argentina

Escribe: Laura Litvin (@laulitvin)

Imagina una geografía rocosa y colorida. Valles fértiles surcados por ríos y arroyos. Una cordillera (como la del Viento), que enmarca un paisaje único. Imagina también las alturas de distintos volcanes, como el Tromen, listos para escalar.

Así es el norte de la provincia de Neuquén, en la Patagonia, un territorio que atesora atractivos pocos conocidos con numerosas alternativas para los viajeros apasionados por la naturaleza: paseos en bicicletas, cabalgatas, tracking, pesca deportiva, turismo arqueológico y más. Pero no sólo eso, la gastronomía es tan importante como los increíbles paisajes que ofrece.

Chivito criollo del norte neuquino, sabor con historia

La ciudad cabecera de esta región es Chos Malal, a 403 km de la capital neuquina. Allá lejos y hace tiempo, aquí se desarrollaban poblaciones indígenas que vivían de sus animales. Más tarde, los españoles introdujeron las cabras, que se convirtieron a lo largo del tiempo en una parte fundamental. De la vida económica, social y religiosa de los nativos. Así nació el actual chivito criollo que por tradición, se consume cada vez que una familia tiene algo para celebrar. Pero no se trata simplemente de una comida más.

La cultura de la trashumancia

El chivito se considera un emblema de la identidad local. Es en Chos Malal donde todos los años se realiza la Fiesta Nacional del Chivito. Su crianza es el resultado de prácticas culturales muy antiguas que se transmitieron por generaciones.

Todos los años, desde que existe el tiempo, cientos de arreadores pasan ganado de los campos bajos en invierno a las veranadas cordilleranas. Buscan alimento tierno y abundante para los animales. Este tránsito se conoce como trashumancia y es la síntesis de la vinculación de una región geográfica, un sistema de producción específico, una raza y el saber hacer de un pueblo.

Todas estas características hicieron posible que en 2010, el chivito criollo del norte neuquino fuera reconocido con su DOC (el primer alimento argentino en logar esta distinción).

chivito

Carne agreste y vinos patagónicos

Como resultado de la trashumancia, el chivito come pastos rústicos y camina libre por las laderas montañosas. Su carne magra conserva una capa de grasa que se funde en la cocción. Ya sea al asador, a las brasas o al horno de barro. Aporta riqueza a su características notas agrestes. No habrá nada mejor que un buen Malbec o un Merlot de la provincia, un pan de campo y una salsa picante para lograr un bocado de gloria.

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