chocolate blanco

Escribe: Margarita Llamas

En los años 30, del siglo XX, Suiza, el país del chocolate, saco a la luz el chocolate blanco. Aunque verdaderamente es color marfil, en forma de chocolatina. Se llamaba Galak. En España se comercializó como milkibar en 1962.

Para hacer esta chocolatina más dulce, se sustituyó el cacao en polvo por leche y para que pareciera chocolate se utilizaba manteca de cacao. Es decir, el chocolate blanco no lleva cacao, por eso de denomina ‘falso chocolate’.

Actualmente pocos son los que llevan autentica manteca de cacao, sólo algunos de excelentes fabricantes. Los que compramos en el supermercado tienen grasas, lácteos y saborizantes.

Según la normativa, en España y otros países, el chocolate blanco debe contener “un mínimo del 20% de auténtica manteca de cacao y no menos de un 14% de sólidos de leche”. Es rico en grasas e hidratos de carbono, nutrientes que aportan energía al organismo. Un aporte calórico extra.

El buen chocolate blanco, el de Akensson’s

La manteca de cacao contiene una gran proporción de ácido esteárico, un ácido graso saturado. A diferencia de otros ácidos grasos, no aumenta el nivel de colesterol en la sangre. Contiene minerales como calcio, potasio, fósforo, magnesio y vitaminas.

Se comercializan buenos chocolates blancos, como el de Akensson’s, con el 43 % de auténtica manteca de cacao. Sus ingredientes son la pura manteca, azúcar de caña, leche y lecitina de soja, no OGM.

En la actualidad, vuelven a ser los suizos los pioneros en sacar otro tipo de chocolate: Rubí. Un nuevo tipo de chocolate de color rosa elaborado a partir de una variedad de bayas que llevan el mismo nombre debido a su tonalidad rojiza.

La baya rubí es única y se cosecha en diferentes países como Ecuador, Costa de Márfil y Brasil. Esta nueva variedad tiene propiedades específicas, gracias a un complicado proceso de investigación. En ello colaboró la universidad alemana de Brême durante más de  13 años, aunque es un chocolate totalmente natural.

La compañía que lo comercializará espera que el color atraiga a la clientela asiática, consumidores y fans de eso que yo llamo ‘alimentos de colorines‘. Aunque yo también tengo ganas de probarlo.

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