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Gran talla, textura melosa e intenso sabor. Estas son las tres características diferenciadoras de la Gran Lubina Atlántica, conocida como Aquanaria. Es la lubina de los chefs. Unidades XXL de entre 2 y 4 kg de peso ideales para el mercado gourmet. Crece y se desarrolla sólo en las costas atlánticas de Gran Canaria. Desde allí se exportan a países de los cinco continentes en un plazo de 48 horas.

Las lubinas criadas por la empresa canaria Aquanaria están criadas durante al menos 36 meses en las aguas bravas del Atlántico. Concretamente en las granjas que la empresa alberga en las localidades de Castillo del Romeral y Melenara de Gran Canaria.

Las costas meridionales de Las Palmas son el entorno perfecto para la crianza de la Gran Lubina Atlántica. Una zona con fuertes corrientes, agua limpia y una temperatura idónea y constante. Estas son señas de identidad del método de crianza de Aquanaria.

Criadas en una zona libre de anisakis

Allí, respetando su hábitat natural, las lubinas viven a dos millas de la costa -distancia que evita los contaminantes de la tierra- en un entorno certificado como libre de parásitos anisakis. Allí nadando y luchando contra las corrientes adquirieren el nivel de grasa y textura óptimos. Estas características las convierte en un producto de alta gama.

Un cuidado proceso de crianza, una alimentación sana y equilibrada. También un sistema de pesca que intenta generar el menor estrés posible al animal. Todo ello para cuidar la calidad de la Gran Lubina Atlántica. Así, potenciar su frescura y degustación final.

Estas son las claves finales de un producto gourmet y de sello canario. La empresa emplea en las islas a casi 100 trabajadores. Con una facturación de 23 millones y una producción anual de 2.500 toneladas, se ha convertido en uno de los primeros exportadores canarios.

gran lubina atlántica

La Gran Lubina Atlántica, presente en cocinas de todo el mundo

El entorno redunda en el producto y este posiciona la marca, la más demandada por los mejores cocineros para cualquier tipo de receta de Alta Gastronomía. Cocinada a la brasa, al horno, frita, en papillote, a la cazuela, a la sal, en sashimi o cruda, en ceviche, estofada, etc.

Valoran la textura, la melosidad, la calidad, también el know how de quien lleva cuatro décadas de exclusiva dedicación. Una empresa que ha conseguido llevar la cría de la lubina a su máximo perfeccionamiento y se ha posicionado como el primer productor de piezas enfocadas a la Alta Gastronomía.

Actualmente, se exporta cerca del 60% de su producción a países de los cinco continentes. En un plazo de 48 horas y pescadas siempre bajo demanda. La lubina de Aquanaria llega perfecta a EE.UU, Kuwait, Corea o a las manos de los mejores chefs de Europa. En general, frescas o congeladas, en cualquier momento del año, son una alternativa ideal.

Grandes Productos Argentina

Escribe: Laura Litvin (@laulitvin)

La merluza negra, pez de gran porte, es un animal misterioso: vive todavía más abajo de lo que se imagina, en aguas oscuras y frías cercanas a la Antártida. Su carne blanca, suave, sabrosa y su piel negra característica hacen delirar a los paladares más sofisticados del planeta. Es sin dudas, una de las especies más apreciadas del Mar Argentino. La gran dificultad para su captura la convierten en un bocado de lujo.

La Argentina es uno de los actores principales en la pesca de estos ejemplares que se desarrollan hasta los 2500 metros debajo del mar. Para pescarlas, hacen falta barcos potentes, de altura. Se trabaja tanto con red de arrastre como con palangre (anzuelos).

Como es un recurso valioso y escaso, todos los años se estipula la captura máxima permisible, que suele rondar las 3700 TN de merluza negra al año. Es importante este valor, teniendo en cuenta que debe haber en el mundo un total de 25.000 TN de merluza negra. Es un producto escaso, no hay posibilidad de reproducirlo en acuicultura, no hay mayor provisión que esa.

Congelado de calidad

Una vez en cubierta, el animal se desangra para impedir que haya hematomas. Se corta la cabeza, la cola y se le sacan las vísceras. Se clasifican por peso y se empacan. De la cabeza se aprovechan los cachetes y la garganta, pero eso se exporta 100% a los mercados externos.

Como la merluza negra es un producto Premium, se congela rápidamente para conservarlo en su mejor estado. En Argentina nunca llega fresco a las pescaderías porque la distancia del caladero a puerto es grande. Además, no hay una cadena de distribución que lo permita. Ni hablar de los mercados a los que se exporta, donde llega congelado y al vacío.

No es un dato menor para el consumidor final: si le ofrecen merluza negra fresca es un engaño, seguramente le estén vendiendo róbalo. Este es un pescado similar. Eso sí, seguro se lo cobran como si lo fuera.

La merluza negra en la cocina

Es un pescado sublime, sabroso, de textura suave. No necesita mucho más que una vuelta por la plancha cuidando que no se pase su punto de cocción. Limón, sal y ya está. Por supuesto, los chefs agregan su toque, sus salsas y preparaciones personales. Pero el lujo total es comerlo así de simple, respetando cada fibra de su carne preciosa.

Grandes Productos Argentina

Escribe: Laura Litvin (@laulitvin)

Parece mentira que este monstruo con cola poderosa, patas y antenas amenazantes, digno de un texto de H. P. Lovecraft, sea el rey de las mesas de celebración en todo el mundo. ¿Quién habrá sido el primer valiente que se atrevió a pescarlo y comerlo? Apenas grillado, salteado, rociado con limón y sal, el langostino siempre es un banquete de lujo. La cocina, sin embargo, le ofrece más espacios para que se luzca. Sea acompañando un plato de pasta, un risotto, o ensaladas, sea en cocktails, cebiches, sushi o canapés. O, igualmente, salteados con verduras y dentro de sopas asiáticas. La lista es infinita.

langostino

Muchos de los langostinos o gambones que se consumen provienen de criadero. Sin embargo, existen zonas del planeta donde todavía se desarrollan de manera natural. Este es el caso de las costas patagónicas de la Argentina.

El langostino: de fin del mundo a la mesa

El viajero que enfila su rumbo al sur. Desde la ciudad de Viedma, en la provincia de Río Negro, hacia Tierra del Fuego. Recorre vastos kilómetros de silencio y viento. Cada tanto, se encuentra con una ciudad costera con un puerto imponente. Puerto Madryn, Trelew, Rawson, Camarones, o Comodoro Rivadavia.

Allí llegan toneladas de langostinos pescados en congeladores. Son barcos grandes que procesan el animal a bordo. Luego lo venden como producto Premium. También  los llamados ‘pesqueros de altura’ lo procesan en tierra y pasan entre tres y cuatro días en el mar.

En el camino, encuentras pescadores artesanales. Salen al mar en barquitos pintados de amarillo y regresan cargados de tesoros. Son los langostinos frescos. No dudes, siéntate en el primer restaurante que encuentres, son un manjar excepcional.

¿Por qué estos frutos del mar argentino son reconocidos en todo el mundo por su excelencia? Porque crecen en una biodiversidad cuasi pura, libres y se alimentan de forma silvestre. De la naturaleza al plato.

Elige los mejores en la pescadería

Es importante tener en cuenta algunos datos para poder elegir los mejores. Para ser transportado, el langostino tiene que pasar por frío. También por un baño de sulfito que mata algunas bacterias y permite que no se ponga negro (melanosis). Lo mejor es comprarlos enteros. Aunque la industria los procesa y los vende pelados, sin pelar, con o sin cola, crudos o cocidos.

Hay que limpiarlos bien retirando el intestino (vena) que se encuentra sobre el abdomen. Deben verse brillantes, resistentes y es fundamental rechazar los que huelan a amoníaco. Eso indica que no están aptos para el consumo. La etiqueta es importante también. Si dice “langostinos argentinos”, recuerda que son garantía de calidad.

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