Se acercan las fechas de Navidad y si hay algo italiano conocido a nivel internacional en estas fechas es el Pandoro. Este magnífico producto procede originariamente de Verona, preciosa ciudad al norte de Italia. Es cierto que actualmente se puede tomar Pandoro en muchos lugares del mundo. Pero si os apetece conocer su ciudad de origen, que lo es también de Romeo y Julieta, es una buena excusa para pasar unos días en la ciudad.

Cuando comáis el Pandoro pensad en Verona

Cuentan que el Pandoro apareció en los escritos mucho antes que el Panettone, el otro dulce italiano típico de Navidad. Se trata de una elaboración de pan dulce, un tipo de pan mullido. Nos puede recordar al brioche por su gomosidad. El que comemos hoy en día ya lo consumía la gente noble de la Edad Media.

Eran panes enriquecidos con huevos, mantequilla, azúcar y miel, que eran servidos en banquetes oficiales y fiestas anuales en palacio. Se conocían como ‘panes reales’ o ‘panes de oro’ . Porque en su composición llevaban huevo y mantequilla. Precisamente este es el motivo por el que se acabó llamando Pandoro.

Pero no fue hasta el siglo XVIII cuando el Pandoro se puso verdaderamente de moda. En esa época Venecia era el mercado principal de las especias, lo que influyó en Verona para que éstas se mercadearan. Lo que sucedió también con el azúcar. Producto cada vez más común y que acabó sustituyendo a la miel en el pandoro.

Un pan de ocho puntas que nos recuerda a los Alpes italianos

El Pandoro ha ido evolucionando al igual que otras muchas recetas de pastelería. En 1894, Domenico Melegatti consiguió el certificado de la patente para elaborarlo. Un pan cónico con apariencia de estrella de ocho puntas, espolvoreado con azúcar glass y vainilla. Nos recuerda a los picos de los Alpes nevados.

En vuestra visita a Verona y en especial en esta época del año podréis verlo en las pastelerías del centro histórico. Disfrutad del verdadero Pandoro. Verona es una ciudad impresionante con un pasado glorioso y próspero. La ciudad es Patrimonio de la Humanidad y tiene uno de los centros históricos más interesantes de Italia. Con muchos edificios medievales y renacentistas.

Históricamente ha sido una ciudad de comercio donde confluían las cuatro principales vías del Imperio Romano. Podréis observar en una de las plazas más grandes de Italia, la plaza Bra, un imponente coliseo romano. La plaza está rodeada de edificios, entre los que destacan el Palacio de la Gran Guardia y el Palacio Barbieri.

Un paseo por Verona para descubrir su glorioso pasado

No os podéis perder el palacio Maffei, la magnífica Torre de los Lamberti y el Domus Mercatorum, que era la casa de los mercaderes. Sin olvidarnos del Palacio de la Razón y otros muchos que dan fe del poder que tuvo Verona. La visita se completa con la catedral de Santa Maria de Matricolare, Castelvecchio, el puente de piedra y su teatro romano.

Verona

Pero lo que no podemos hacer es irnos de Verona sin visitar la casa de Romeo y Julieta, una construcción del siglo XII. Allí podremos observar el famoso balcón y ventana gótica desde donde se veían ambos enamorados.

Verona también tiene grandes vinos y quesos

Volviendo a la gastronomía y sus productos no podemos finalizar sin recomendaros sus vinos. Verona es una excelente zona vinícola en la que destacan el vino Bardolino, el Blanco de Custoza, así como los Valpolicella.

Entre los que destacan el Amarone de Valpolicella y los Soave. También en la región del Veneto nos encontramos con el Prosecco de Conegliano, Valdobbiadene y con su apreciada grappa.

Un último consejo para vuestra visita es que probéis el queso Monte Veronese. Elaborado con leche de vaca de varios ordeños que se encuentra con leche entera o parcialmente desnatada. Este último con una maduración de 90 días. Un delicioso queso de sabor muy agradable y delicado.

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